lunes, 10 de noviembre de 2014

Capitulo 2- Un nuevo camino (parte 4)

¿Sospechoso? ¿Es que acaso ella podía confiar en Woo Bin? Él le había ayudado en tantas ocasiones, se había enfrentado al mundo por ella y aun así parecía completamente lejano y frío, casi como un iceberg en mitad del mar donde te estás ahogando, tu única balsa de salvación aunque sabes que quizás es lo más peligroso que puedes encontrar allí.

-Las coincidencias existen- contestó sin más.




Hyun Joong no pudo evitar sonreír maliciosamente de medio lado. Por su trabajo y por todo lo que había vivido sabía perfectamente que en aquel mundo las coincidencias rara vez eran eso, pero optó por no decir nada. ¿Qué tenía él que enseñarle a una niña como ella?.

Por unos instantes los dos se quedaron en silencio. El, con la mano derecha apoyada en el volante y mirando el retrovisor a través de las gafas a la espera de que Yoochun apareciera. Mizuki simplemente tenía la tela de la camisa entre las manos y la estrujaba sin darse cuenta mientras le daba vueltas en la cabeza a las palabras que acababa de escuchar. ¿De verdad era una coincidencia? Y...¿Por qué esperaba tanto que la fuera?

De pronto sintió la mano de aquel hombre, un tanto áspera aunque cálida, posarse sobre las suyas y apretarlas durante unos instantes, como atesorándolas. La chica sintió como una corriente eléctrica rodeaba todo su cuerpo.

-Estáte quieta, me estás poniendo nervioso.

Le hubiera hecho comerse las gafas en ese mismo instante, pero en lugar de eso agitó las manos deshaciendo aquel contacto.

-Si estás nervioso es porque has dejado a tu compañero tirado y vete tu a saber qué ha pasado.

-Si he dejado a mi compañero tirado es para salvarte la vida. ¿Recuerdas?

-Puedo cuidarme sola.

-No- contestó el de una forma que hacía prácticamente imposible contradecirle- no puedes.

Con la boca abierta y una expresión de incredulidad manifiesta se giró a mirarle, porque no se creía como le estaba hablando. Para bien o para mal el ser de una familia rica le había concedido siempre la cortesía de la gente, al menos de cara al público. Pero el...solo había una persona que la hubiera hablado así.

-Eres exáctamente igual que mi hermano- dijo al fin, y aquel era el mayor insulto que le podía regalar aunque no lo supiera- Quiero que me digáis quién sois y que estoy haciendo aquí, y ya de paso por qué nadie querría matarme. Y si no lo haces acuérdate de que trabajas en la empresa de mi padre y me costaría menos largarte a la calle de una patada de lo que a ti te cuesta decir gilipolleces.

Si Mizuki se hubiese visto desde lejos se habría dado cuenta de que se estaba comportando como una niña, pero cualquiera la hubiera perdonado porque después de todo no estaba acostumbrada a relacionarse con nadie. Sin embargo Hyun Joong la miró con severidad al darse cuenta de que aquella niña no se daba cuenta de con qué estaba amenazando.

Justo en ese momento sintieron un golpe en la puerta trasera cuando Yoochun la abrió para subirse al coche.


-Arranca- fue todo lo que dijo.

Hyun Joong apartó la mirada de ella entonces y Mizuki volvió a recostarse en el asiento sin saber por qué demonios no paraba todo aquello y salía corriendo del coche o algo así. No entendía, y en estados de confusión le era muy difícil reaccionar. Justo en ese momento comenzó a sonar su teléfono...una llamada: Woo Bin.

-No contestes -dejó escapar Hyun Joong en un tono mucho más calmado que antes.

-¿Vas a decirme quiénes sois?-preguntó en vez de responder la chica, aun con un nudo en el estómago por no estar respondiendo al teléfono.

Yoochun y su compañero intercambiaron una mirada por el retrovisor. La expresión del primero era de aceptación de una realidad que no le gustaba, la del segundo no podría decirse porque estaba oculta tras la oscuridad de sus lentes.

-Aquí no, pero te lo explicaremos -contestó el conductor mientra el coche avanzaba por las calles de Seul dirigiéndose a las afueras- ¿Estás bien o tenemos que pasar por un hospital?.

Mizuki no se había fijado en Yoochun, pero a pesar de que tenía una buena cantidad de golpes y una herida en la mejilla, estaba bastante bien.

-Estoy perfectamente. Ese cabrón llevaba unos anillos que hubieran sido capaz de destrozarle el cráneo a alguien si no se tiene con cuidado... esta marca no se me va a quitar en días, va a ser un problema.

-Siempre puedes decir que te has metido en una pelea con un tío que había bebido demasiado- contestó el otro con sorna.

-¿Aunque yo sea quien suele beber demasiado?-preguntó finalmente Yoochun.

Mientras tanto Mizuki hurgaba en el bolso en busca de uno de los dos o tres pañuelos que solía llevar y de una crema especial para los golpes, y cuando los encontró, se giró en el coche lo justo suficiente como para tenderlos a el.

-Toma, esto lo arreglará un poco- Los dos la miraron como si fuera un fantasma, o retrasada... o algo por el estilo. Ella les miró a ambos y después a los objetivos que había ofrecido a Yoochun- ¿Qué tienen de malo?

-¿Sueles llevar esas cosas en el bolso?¿Por si te metes en una pelea?- Preguntó Hyun Joong con verdadera curiosidad.

-Es porque soy patosa y me caigo a menudo...-susurró ella sonrojándose notablemente, y rápidamente se dejó caer hacia atrás en el asiento observando al otro lado de la ventana como atravesaban calles que ella aún no conocía. ¿Hacia dónde se dirigían?.



Si Woo Bin hubiese sido de otra forma habría perdido los estribos en ese mismo momento. Se encontraba en las oficinas hablando con el director del centro comercial cuando comenzó el tiroteo y bajó corriendo al aparcamiento nada más enterarse, sin embargo, demasiado tarde. Todo había ocurrido en cuestión de segundos y para entonces Hyun Joong, Yoochun y su protegida habían desaparecido, y los atacantes que quedaban en pie se habían llevado a sus compañeros inconscientes para sacarlos de allí sin ser descubiertos. Solo quedaban las huellas de los disparos en la pared.

-Llama a la policía- indicó por walkie-talkie el jefe de la seguridad del recinto.

Fue entonces cuando Woo Bin explotó, le arrebató el aparato de las manos y lo estrelló contra la pared consiguiendo que quedara completamente inservible.

-Retira esa orden, ve al centro de la mierda de seguridad que teneis en este sitio y busca los vídeos de todas las cámaras de seguridad, las de todo el aparcamiento, las de la entrada, y todas donde salga la chica que me acompañaba. Y más vale que la policía no se encargue de esto o tu cabeza será lo siguiente que estrelle contra algo.

Respiraba agitado. La vena del cuello palpitaba acelerada y tenía los puños fuertemente prietos. En realidad todo su cuerpo estaba tenso, y su cuerpo descompuesto en una mueca de odio. No era sólo que la hubiera cagado en su trabajo, era que no soportaba la idea de que le ocurriera algo a Mizuki.

Apenas si consiguió sacar el teléfono y marcar.

-Tienes que venir, no le digas nada al jefe -dejó escapar intentando calmar la voz- No, no es importante, es una cuestión de vida o muerte.



Song Jae Rim no era alguien que descuidara su trabajo. Kazuo le requería a su lado tan a menudo que en ocasiones parecía una sombra siguiéndole. Era quizás por toda esta dedicación que no soportaba a los incompetentes, y en ese momento le rodeaban.

Había tardado media hora en llegar desde la casa hasta aquel edificio. En esa media hora y pese a los esfuerzos de Woo Bin, aquella seguridad, que supuestamente era de las mejores de Corea del Sur, no había conseguido mostrar las imágenes de las cámaras.

-No entiendo lo que pasa... Hasta hace unos momentos funcionaban perfectamente- exclamó desesperado el chiquillo ocupado de los monitores, que no parecía haber dejado atrás la preparatoria hacía demasiado.


Los puntos blancos de todas y cada una de las pantallas estaban sacando de quicio a los dos hombres. Aquello era extraño... primero el suceso en el funeral y después aquello. Solo un necio creería que se trataba de una mera coincidencia.

Aquella duda se vio confirmada con la mirada que le dedicó Kyuhyun desde el otro lado de sus gafas.

-No se puede hacer nada desde aquí de momento -dijo recostándose en el respaldo de la silla- me llevaré los archivos e intentaré recomponerlos en mi ordenador, pero será difícil... si no imposible.

-Pero... -comenzó a quejarse de nuevo el jefe de seguridad, acallándose ante una nueva mirada de Woo Bin.

-Hagamos eso -aceptó Jae Rim finalmente- No quiero que nada salga de aquí. Déjennos solos.

En teoría no tenía competencias allí, pero el brazo de la familia Takamura era muy largo y sus dedos se extendían hasta los lugares más insospechados. También allí, donde era uno de los inversionistas mayoritarios de la empresa. 

Al quedarse solos Jae Rim, con los brazos cruzados sobre el vientre, se giró lentamente hacia Woo Bin.

-¿Tienes idea de lo que has hecho? Podría habersela llevado cualquiera solo porque no tenías los ojos donde debías tenerlo en el momento. Te sugiero que reces todo lo que se te ocurra o te encomiendes a los dioses para que no le ocurra nada, porque de ser así estás muerto... aún dudo si no lo estarás aunque no le pase nada.

Con que Kazuo se enterara de aquella forma de meter la pata sería suficiente. Por mucho menos había despedido a otros, e incluso había personas que habían estado a su servicio que no habían tenido tanta suerte. Claro que Woo Bin no comprendía esto igual que lo hacía Jae Rim, porque el no era japonés.

La mafia en el país del Sol Naciente era mucho más temible que en Corea. El código de honor permitía que el jefe del clan pudiera castigarte si era su deseo incluso cuando no hubieras quebrantado ninguna norma ni hubieras fallado en tu trabajo, todo porque habías prometido una completa sumisión hacia el. Incluso el menor error podría llevarte al yubitsune, que normalmente significaba la amputación del dedo pero podía ser algo peor.

-Ha sido mi culpa y lo reconozco, asumiré cualquier castigo que se crea necesario para mí -contestó Woo Bin.

Lo que nunca le diría era que lo que más le preguntara es que a Mizuki no le ocurriera nada. Incluso estar allí esperando le sacaba de quicio, pero tampoco sabía hacia qué dirección comenzar a moverse y eso le sacaba de quicio.

-¿Has intentado llamarla? -Preguntó Kyuhyun de pronto- Los dos se giraron a mirarle de aquella forma que parece decir: ¿Crees que soy gilipollas?, pero el chico se quitó las gafas dejándolas encima de la mesa y se encogió de hombros- A veces la solución más sencilla es la correcta.

-No tengo su número, se supone que no tengo que tener ninguna relación con ella más allá del trabajo, y si estoy con ella no se supone que lo necesite.

El problema era que si lo tenía, pero no podía decirlo si quería conservar aquella remota posibilidad de seguir cuando de ella en el futuro, y no meterla en más problemas.

Jae Rim no pudo decir nada a eso porque sabía perfectamente cual era la opinión de Kazuo de que algún hombre se acercara a su hija. No es que la apreciera y quisiera protegerla, sino que se trataba de un bien valioso que algún día casaría con el hijo de otro yakuza, o algún político para ganar favores... y para que llegara ese momento ella debía conservar su honor.

-Pues yo si tengo su número- contestó el hacker- Os sorprenderá saber que nos llevamos bastante bien... le tengo que arreglar el ordenador más veces de lo que me gustaría admitir. Pero no os preocupeis, no tengo ni el más mínimo interés en ella.

Y tras decir esto le lanzó el teléfono a Woo Bin que lo cogió en el aire preparándose a marcar.

-No le llames desde este teléfono. Tendrá el número guardado y no nos interesa que los secuestradores sepan quién está llamando. Llama desde el tuyo.
Jae Rim conservaba siempre la cabeza fría. Cualquiera que le conociera sabía que precisamente era su arma más peligrosa, pues nunca sabías por dónde atacaría o lo que estaba pensando, y tampoco se conseguía desconcentrarle facilmente. Jae Rim era de hecho uno de los mejores guerreros al servicio del Clan Takamura, pues de otro modo no hubiera podido servir a Kazuo. Aún así quizás lo más temido de Jae Rim era su “leyenda”, aquel cúmulo de historias que hablaban de decenas de muertes a sus espaldas, de cuánto le gustaban las torturas...cosas que en realidad no pegaban con su apariencia externa, pero que parecían ser bien ciertas.

Mientras Woo Bin llamaba él solo podía observarle y dar vueltas en su cabeza al modo en que debía castigar un descuido que nadie de su posición debería tener. Sin embargo era una lástima: perderlo de algún modo sería perder a una de las personas más capacitadas en la asociación



El teléfono comenzó a vibrar en el bolso de Mizuki de forma tan insistente que tanto Yoochun como Hyun Joong pudieron escucharlo.

-Apágalo y quítale la batería, casi hemos llegado y no podemos correr ningún riesgo.

La chica miró a su alrededor pero no distinguía nada más que edificios. Buscó en su bolso al mismo tiempo que Yoochun hacía lo propio en una mochila negra que había en el asiento posterior.

-Sintiéndolo mucho vamos a tener que vendarte los ojos, no podemos arriesgarnos a que sepas donde estamos.















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