jueves, 26 de diciembre de 2013

Introducción

“Donde termina el camino,hay camino”. Podría decir que mi vida tal y como la recuerdo comenzó con aquellas palabras. Recuerdo que mi abuela solía repetírmelas cuando había tenido un mal día, aún cuando era demasiado niña para entenderlas. Por aquel entonces era la única persona que se preocupaba por mi a falta de mi madre, quien había muerto dándome a luz.

Cuando mi padre decidió mudarse a Corea yo tenía diez años de edad y no sabía nada del mundo. Sabía que mi familia era importante, que mi padre daba trabajo a muchos hombres y que jamás me faltaba de nada. El era un hombre extremadamente serio y arraigado en las tradiciones de su Japón natal, pero nunca pensé que fuera a ser lo que es: un yakuza.

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