viernes, 31 de enero de 2014

Capítulo 1- Flashes (parte 1)

Si algo tensaba a Mizuki en aquel momento era ver la gran cantidad de cámaras y equipos de televisión que se habían aposentado delante del hospital donde descansaban los restos de su abuela. Desde niña se había criado con miedo hacia ellos, como bien le había inculcado su padre. 

La obsesión del hombre llegaba hasta tal punto que los medios no tenían ni el más mínimo dato de como era ella.En un mundo donde la información era mercancía para ganar dinero y una persona del otro lado del mundo podía conocer lo que le sucedía a tu familia antes que tú mismo, eso era difícil de creer, pero explicaba en gran medida la vida de ella.




En Japón estaba acostumbrada a salir más, acompañada siempre por un escolta eso sí, pero desde que llegaran a Corea no había abandonado prácticamente la vivienda familiar y, cuando lo había hecho, había sido en un coche con los cristales tintados como en el que viajaba en ese mismo momento y con buen cuidado de que nadie tomara fotos de ella. Siempre a lugares ocultos, alejados.

Mizuki comprendía en parte este tipo de vida, al menos había llegado a comprenderla cuando había crecido. No le era desconocido el trabajo de su padre (un Yakuza que utilizaba sus diferentes empresas para blanquear dinero) y sabía que este trabajo conllevaba riesgos, para el y para toda la familia. Que esa familia apareciera en los medios de comunicación sólo hacía más fácil el trabajo para quienes quisieran hacerles daño.

-¿Está bien aghassi? -Preguntó el conductor, un hombre de edad bastante avanzada que estaba acostumbrado a llevarla desde que era pequeña de un lado a otro.

-Si, no se preocupe -contestó ella con una sonrisa- es solo que... no es fácil.

La chica apretó su ipod en la mano al responder aquello y tragó saliva. Sonaba Dont you know, una  de sus canciones preferidas que formaba parte de una banda sonora. Era triste, muy triste, pero siempre le había gustado escuchar aquella música que acompañara a su estado de ánimo.

Había sido difícil, más que de costumbre, desde que su abuela no estaba alli. Su padre había insistido en que no podía aparecer en el funeral. No le había dado explicaciones porque, en su pensamiento, ella simplemente no las necesitaba. Con la ayuda de su madrastra y su hermano mayor se había visto, además, cargado de razones. Pero a ella no le había temblado el pulso a la hora de contestarle.

“No te he pedido permiso, padre” le contestó en un tono formal aunque frío; “Es mi abuela y estoy en mi derecho de ir a darle mi último adiós. Por mucho que tu me lo prohibas voy a ir, porque tengo más derecho a decidir sobre ello que tu. Yo soy sangre de su sangre y tu no. Ahora solo debes pensar si deseas que se haga de la manera correcta o creando un escándalo. Si no estoy allí la deshonra va a caer sobre la familia y si me escapo será peor”.
Con aquellas palabras se había ganado una bofetada que aún le dolía. Si Young Kwang, la persona más cercana a su padre, no hubiera intervenido para decir que seguramente ella tenía razón seguramente ahora no estaría allí... pero aquello tendría sus consecuencias durante mucho tiempo.


Así que su madrastra había llamado a una estilista para vestirla, peinarla y maquillarla como si de una muñeca se tratara. El Kimono no le importaba demasiado, era blanco como debía ser el luto en su país natal, pero el rostro completamente cubierto de una BBCream especialmente pálida la molestaba, ocultaba cualquier gesto que quisiera hacer, y el color rojizo que habían dejado sobre sus labios le importunaba más aún: aquello era un funeral, no una fiesta. Además el cabello que ella solía llevar suelto se lo habían arreglado en un recogido tan tenso que apenas sí podía mover la cabeza con comodidad.

Pero no importaba, nada de eso importaba, estaba allí para despedir a su querida abuela.

-Cuando salga del coche estará su nuevo escolta para indicarle a donde tiene que ir -dejó escapar el conductor, que se había parado en un semáforo en rojo, sacándola de su ensimismamiento- nos han informado que están las televisiones, así que le recomiendo que mire al suelo al salir o los flashes la dejarán cegada.

La televisión, aquello era demasiado... el precio a pagar por pertenecer a aquella familia.

-Gracias- murmuró ella observando como el coche volvía a ponerse en marcha.




-Esta vez no quiero ningún error. En el funeral van a estar presentes los peces gordos de todos los clanes yakuza de Japón, y también de la mafia coreana. Cualquier problema puede llevarnos a descubrir vuestra tapadera y nos quedariamos sin información de lo que ocurre dentro de la organización.



Cha Seung Won, coordinador de operaciones de la Agencia H, era extremadamente metódico en su trabajo hasta el punto de que conseguía poner nervioso a todo el mundo por fácil que fuera el trabajo que tenían que hacer. Aquel no era el caso. Por una vez no se le podía culpar de la preocupación. Infiltrarse en aquel lugar era mucho más dedico de lo que Yoochun, Hyun Joong y Jaejoong llevaban haciendo años. Los tres chicos se miraron entre si unos instantes. Todos vestidos de negro, como mandaba el luto... esperaban que no fueran sus amigos los que tuvieran que vestir de negro dentro de poco.





-El agente Jun Ki permanecerá con Sung Joon en una furgoneta camuflada en el exterior por si necesitáis refuerzo de algún tipo. Estaréis en contacto con Yi Na a través de los micrófonos y cámaras que lleváis escondidos.  Es una nueva tecnología que funciona perfectamente, así que no debéis preocuparos por que sea descubierta. Tanto la cámara como el micrófono están escondidos en el botón del bolsillo de la americana.

-Eso si, intentad no darle ningún golpe, ni sumergirla en un vaso de cerveza, ni....- dejó escapar el mismo Sung Joon, que había permanecido dormido (o eso permanecía) en su mesa de trabajo.

-Eso solo pasó una vez -dejó escapar Jaejoong- es lo que ocurre cuando mandáis a los agentes a misiones que implican tomar cantidades ingentes de alcohol.

-Eso ocurre cuando los agentes son unos irresponsables y no conocen sus límites a la hora de vivir- añadió Jun Ki que hasta el momento había permanecido en pie y callado detrás de su superior- No hay excusa.

Jaejoong parecía a punto de discutir algo hasta que recibió un codazo de Yoochun en el costado. No era momento de discutir y, en todo caso, Yoochun sabía perfectamente cual era el comportamiento de su amigo cuando bebía... los tres visitaban los bares con bastante frecuencia.



-Recordad que ante todo hoy debemos conseguir información, principalmente de una posible reunión en algún momento entre el entierro y el regreso de los jefes a Japón. Procurad no entrar en pelea, pero si lo véis necesario es mejor que contactéis con el agente Jun Ki antes de salir vosotros dañados, levantaríais sospechas. ¿Entenido?



-Sí señor -contestaron los tres agentes a la vez con un aire marcial.

-Entonces en marcha. Debéis encaminaros primero a los dormitorios, ireis al entierro con los miembros de vuestros grupos.

Cinco minutos después todos se encaminaban a sus respectivos puestos.





Tal y como le había dicho su chofer la entrada al funeral estaba llena de cámaras de televisión, de miembros de la radio y de fotógrafos de la prensa escrita que buscaban la noticia del día como aves carroñeras esperando la muerte de algún animal. Al menos aquellas aves lo hacían para alimentarse y no sólo para conseguir dinero.

Fue el chofer también quien contactó por el teléfono para avisar al interior de que ella había llegado. Entonces el que ella supuso que sería el mencionado nuevo escolta salió del inferior del edificio y se acercó para abrir la puerta. Siquiera pudo verle la cara por la cantidad de flashes que en ese mismo momento se dispararon cegándola.

Salio siguiendo el consejo que le acababan de dar, con la cabeza gacha mirando al suelo. Sintió el brazo de aquel hombre colocándose detrás de su espalda, sin tocarla pero asegurándose al mismo tiempo que nadie se acercara demasiado a ella.

Aquel camino fue un suplicio. Nunca antes se había sentido tan agobiada, tan observada, tan juzgada. Por un momento no se sintió una persona sino más bien un objeto del que había que hablar. Fueron solo unos minutos pero se le hicieron interminables y cuando finalmente atravesó las puertas del lugar no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio. Su corazón latía a mil por hora.

-¿Se encuentra bien? -Preguntó finalmente el chico.

Por primera vez alzó la mirada para examinar a quien se estaba dirigiendo hacia ella. Era un hombre alto...muy alto, sobre todo en comparación a lo baja que era ella, y era guapo... de rostro quizás un tanto especial, pero muy atractivo. Estaba serio y parecía tener la misma mala leche que tenían todas las personas que trabajaban para su padre.

-Estoy bien,gracias.

-Mi nombre es Kim Woo Bin, me han encargado su protección y también la de su hermano menor, si puedo ayudarla en algo solo tiene que decírmelo.

-Gracias- repitió ella, que no dejaba de pensar que aquel hombre estaba allí para controlarles más que para ser de ayuda.

Woo Bin hizo una reverencia y se colocó detrás de ella intentando pasar desapercibido y estar lo suficientemente cerca por si ocurría algo. Caminaron hacia la sala donde se llevaría a cabo el entierro.

Por el momento había poca gente presente, tan solo la familia y los miembros más cercanos a ella, los que podían considerarse “amigos”, aunque en realidad muchos de ellos no eran más que miembros más de la mafia dedicados a la protección de los realmente importantes.

Kazuo y Naomi Takamura estaban juntos, ella vestida con un kimono también blanco pero mucho más sencillo que el de Mizuki, y el completamente de negro. Junto a ellos se situaba el hermano mayor de ella, Ryonosuke, y seguido a este su hermano pequeño Shin. 
Todos se encontraban en una línea en el lateral de la habitación. Pero directamente frente a la puerta por la que había entrado se encontraba el ataud de la abuela rodeado y cubierto de coronas de flores y con una foto de la misma descansando entre ellas.

Cuando los ojos de su familia se posaron sobre ella la chica hizo una reverencia antes de caminar hacia alli y  colocarse ocupando el puesto entre sus dos hermanos, pues debían estar agrupados de acuerdo con sus edades.
-¿Algún problema? -Preguntó el padre a Woo Bin sin dirigirle siquiera la mirada a la familia.

-Ninguno, no se ha hablado con los periodistas y tampoco nos hemos parado en ningún momento, con lo que no debería haber demasiadas fotos- contestó el hombre que también había hecho una reverencia.

Mizuki no dijo nada, solo guardó la compostura con la mirada fija en la imágen de su abuela. Nuevamente sentía que no había lugar para ella en aquella familia. De las cuatro personas presentes estaba más que segura de que cuatro de ellas la odiaban, todas menos su hermano pequeño que se inclinó a hablarla.

-¿Estás bien?

Ella le miró y sonrío. Los dos personas siempre se habían cuidado mucho entre si, quizás porque fueran los dos miembros más sensibles de la familia. Cuando su padre se había vuelto a casar ella acogió al hijo de su madrastra como uno más suponiendo que le sería díficil adaptarse a ese mundo. Ella era muy joven en aquel entonces y el un niño que no contaba con una madre que le cuidara, así que quien actúo de madre y hermana a la vez con el, fue ella.

-Estoy bien... solo un poco agobiada, no te preocupes.

-Si te hubieras quedado en casa no tendrías que sentirte mal en este momento- dejó escapar Ryonosuke con su acostumbrado todo de voz glacial.

La joven se estremeció. En ocasiones su hermano le daba más miedo que su padre, quizás porque antes de la muerte de su madre los dos habían tenido una relación bastante estrecha, lo cual no había sido así con su padre por parte de ninguno de los dos.

-No me importa pasar un mal rato, hermano, mi deber y mi deseo es estar aqui acompañando a la abuela.

Y no dijo más, ni discutiría más, no era el momento ni el lugar de hacerlo. Su hermano no dijo nada más pero, en este caso,porque era el padre de los tres quien hablaba en ese momento.


-No quiero espectáculos hoy. Solo tendréis que recibir el pésame de todos los que pasen por delante, sin conversaciones inservibles. Después de eso iremos al crematorio y volveremos a casa.

Nadie se quejó porque allí nadie podía pasar por encima de las leyes de Kazuo, ya fuera un miembro de la familia o del Clan Takamura. El hombre hizo una señal a Young Kwang, que se había quedado con Woo Bin y Jae Wook (el ayudante de Ryosuke) y este rápidamente desapareció.

Lo siguiente es que comenzaron a llegar los “invitados”, o como el había llamado a las personas que llegaban allí a dar sus condolencias. En el caso de ella conocía a muchas de las personas que pasaban de los 40 años, que fueron los que más se pararon a hablar con su padre, pero no a los jóvenes que fueron entrando después.

A pesar del enorme interés que ella tenía en la música nunca había ido a la empresa de su padre ni conocido a los chicos en persona. Si sabía a qué grupos pertenecían y que tocaban era en gran medida gracias a internet y en otra gran medida a que los discos de la empresa le salían grátis.

Los primeros en llegar fueron Bon Hwa, quienes eran el primer grupo que la compañía había conseguido sacar adelante y unos de los preferidos de ella. Ellos tocaban baladas, música melancólica y hermosa. Tres chicos jóvenes (pero tampoco demasiado) con unas voces espectaculares: Lee Donghae, Kim JaeJoong y Yesung. Uno por uno se inclinaron delante de todos los familiares dando sus condolencias.

Después llegaron las dos niñas mimadas de la empresa, IU y Ailee (sus nombres artísticos) que formaban el dúo Morning y de las que se decían que tenían las mejores voces de toda la nación. 

Después de eso... políticos, el director de una de las cadenas de televisión más importante, la junta entera de una marca automovilística... y ella, que no podía dejar de preguntarse si aquellas personas conocerían a su abuela del pasado, o siquiera si se sentían realmente mal por su muerte o por su familia.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Hope Land of Grafic