“Donde termina el camino,hay camino”. Podría decir que mi vida tal y como la recuerdo comenzó con aquellas palabras. Recuerdo que mi abuela solía repetírmelas cuando había tenido un mal día, aún cuando era demasiado niña para entenderlas. Por aquel entonces era la única persona que se preocupaba por mi a falta de mi madre, quien había muerto dándome a luz.
Cuando mi padre decidió mudarse a Corea yo tenía diez años de edad y no sabía nada del mundo. Sabía que mi familia era importante, que mi padre daba trabajo a muchos hombres y que jamás me faltaba de nada. El era un hombre extremadamente serio y arraigado en las tradiciones de su Japón natal, pero nunca pensé que fuera a ser lo que es: un yakuza.
Mi abuela no quiso mudarse con nosotros entonces. “Hay cosas que es mejor no recordar” me dijo el día de nuestra despedida. Ella se había criado en Corea y no había marchado a Japón hasta la muerte de mi madre, cuando pensó que debía hacerse cargo de mi. No quise preguntarla porque por aquel entonces sabía bien que algunos temas de conversación le hacían daño y jamás volvió a salir el tema.
Han pasado ocho años y mi abuela ha muerto.Me cuesta decir esto porque pensé que estaría conmigo siempre, pero cuando hace dos días sonó el teléfono de nuestra enorme casa a las tres de la mañana yo ya estaba despierta, con el corazón en un puño y un nudo en la garganta.Quedan solo dos horas para su funeral y no consigo que mis lágrimas caigan, sin embargo el mundo parece llorar por mí. Seúl se ha despertado gris, lluvioso y frío.
Cuando veo llegar el ataud de mi obaasan en un coche negro que atraviesa la nieve no puedo dejar de pensar “Pobre abuela, ella no quería volver a este país, pero descansará aquí por siempre”.
Cuando el hombre de confianza que mi padre ha puesto para vigilarme entra y dice “Señorita, la abuela dejó esto para usted” y veo el libro que deja sobre la cama no puedo evitar sonreir pensando que sin duda es una señal de que ella siempre estará conmigo. Más aún, cuando lo abro y leo las siguientes líneas, pienso que seguirá siendo mi guía en todo lo que haga.
길이 끝나는 곳에서도
길이 있다
길이 끝나는 곳에서도
길이 되는 사람이 있다
스스로 봄길이 되어
끝없이 걸어가는 사람이 있다
강물이 흐르다가 멈추고
새들이 날아가 돌아오지 않고
하늘과 땅 사이의 모든 꽃잎은 흩어져도
보라
사랑이 끝난 곳에서도
사랑으로 남아 있는 사람이 있다
스스로 사랑이 되어
한없이 봄길을 걸어가는 사람이 있다
Donde termina el camino,
hay camino.
Donde termina el camino,
hay gente que se vuelve camino.
Volviéndose camino de primavera,
hay gente que anda sin parar.
Aún si los ríos fluyen y se detienen,
aún si las aves vuelan y no vuelven,
mira
ondear los pétalos de las flores del mundo.
Donde termina el amor,
hay gente que se queda por amor,
volviéndose amor.
Hay gente que anda el camino de primavera sin fin.
No hay comentarios :
Publicar un comentario