Nuevamente la vendaron los ojos para salir allí. Nuevamente por su seguridad. El problema es que todo aquello no hacía más que acrecentar su nerviosismo porque, aunque ahora al menos sabía a qué se debía todo aquello, seguía con la sensación de haberse metido directamente en la boca del lobo. Y no era para menos, en caso de hacer un único movimiento malo podía ser devorada por un lado o por el otro, casi como una ficha de Go roja en mitad de la mesa.
-¿Estás completamente segura de que quieres hacer esto?- Preguntó Hyun Joong mientras conducía el coche.
No le respondió al momento porque lo cierto era que estuviera segura o no, no le quedaba otra alternativa. Así que después de tomar aire y expulsarlo lentamente por entre los labios, terminó contestando.
-Sí, estoy segura.
Apenas había cruzado la mirada con ellos desde que había salido del edificio, y es que no se sentía del todo cómoda con ellos después de saber quienes eran, porque... le habían mentido, aun con el poco trato que había tenido realmente con ellos.
-Entonces escucha -añadió Yoochun en ese momento- No puedes volver como si nada, porque te van a hacer preguntas. Tendrás que decirles que te llevaron unos hombres y que tras un tiempo, sin saber muy bien por qué, te han devuelto. Diles que te vendaron los ojos y que no pudiste ver a nada ni a nadie, que estás bien. Nosotros te dejaremos en un parque cerca de la empresa, no demasiado para que no puedan ver nuestro coche desde ninguna cámara de seguridad...deberás ir andando el resto del camino, pero nosotros vigilaremos que no te pase nada...¿has entendido?.
-Si...
-Puedes llamar a tu guardaespaldas para que te recoja si quieres, pero que no sea hasta que no te hayas alejado un poco del sitio donde te dejaremos.
Simplemente asintió. No tenía ganas de hablar con nadie, tan solo de llegar a casa, meterse en la cama bajo las cálidas mantas y quedarse allí para siempre. Llevaba tiempo forzandose por no llorar, intentando evitarlo a pesar de que todas las emociones sucedidas en esas horas la invitaban a ello. Su guardaespaldas... Woo Bin... aquel era otro gran problema. Porque con él si había pasado más tiempo y había tenido ratos medianamente íntimos... Por el si que se sentía engañada, por no decir que no sabía aún si era quien había pensado en matarla o no.
-Una última cosa- dijo Hyun Joong justo después de aparcar el coche- Si necesitas algo háznoslo saber de modo que no llame mucho la atención... de todos modos nosotros y Jaejoong estaremos atentos.
¿Jaejoong?¿El también estaba metido en eso? Al final tendrían más gente de aquella extraña agencia que de la misma compañía. Aunque lo cierto era que de los tres Jaejoong parecía la mejor persona.
-Está bien, nos veremos- dijo tras intentar esbozar una sonrisa y salir del coche.
Rápidamente se aferró a la bufanda que llevaba para intentar ajustarla al cuello. Había pasado tiempo y, dado que en invierno en Corea oscurecía especialmente pronto, hacía más frío de lo normal. Aún no había caído la primera nevada, pero no tardaría demasiado.
Comenzó a caminar por un lugar que no conocía, porque nunca antes había salido así a la calle, sola. Sin embargo aquella sensación fue buena... se sentía libre y no demasiado temerosa sabiendo que los chicos la estaban vigilando de cerca. Sin embargo la gente no le prestaba atención, y el no tener que controlar a cada momento qué hacer o que decir, el no sentirse tan vigilada como se sentía en casa... desde luego era una sensación agradable a la que no tardó demasiado en cogerle el gusto suficiente como para pensar que tendría que conseguir algunos más de esos ratos en el futuro.
Cuando llevaba diez minutos andando volvió a mirar el teléfono que ahora llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Le había quitado el sonido y quizás por eso no se dio cuenta de que tenía más de 20 llamadas perdidas de Woo Bin. Seguramente le caería una buena...pero... ¿Que más podía hacer?. Le dio a llamar.
Las horas pasaban rápidas y lentas al mismo tiempo. Rápidas porque se acababa el tiempo antes de que algo malo estuviera pasando realmente, y lentas porque cada minuto sin saber que estaba ocurriendo y dónde estaba Mizuki, se hacía eterno.
No se habían movido del centro comercial. Jae Rim y Kyuhyun seguían allí también intentando conseguir alguna información de las cámaras de seguridad, lo cual parecía prácticamente imposible. Quizás por eso aquel a quien llamaban uno de los mejores hackers de Corea parecía hasta las narices de todo. Se había quitado las gafas y tenía el pelo completamente revuelto de la cantidad de veces que se había pasado las manos por el.
-No tiene ningún sentido, nada tiene sentido- repetía para si.
Jae Rim, que le había preguntado un par de veces, pero la contestación llena de términos que no entendía ni tenía ningún interés por entender había terminado cansándole.
-Si Mizuki no aparece dentro de poco tendremos que informar al Jefe. No podemos buscarla de la forma que deberíamos sin su permiso e intentando que no nos descubra. Siquiera se por qué estoy permitiendo esto.
A medida que pasaba el tiempo se enojaba más cada vez. ¿Como había permitido esto Woo Bin? No podía evitar pensar que la chica estaba ya muerta, porque de no ser así... ¿Por que no se había puesto nadie en contacto con ellos?
Woo Bin por su parte parecía especialmente nervioso y no hacía más que revisar el ordenador de Kyukhyun desde su espalda por si aparecia algo que les pudiera dar alguna respuesta. Llamaba a Mizuki una y otra vez, pero primero no respondía y después el teléfono aparecia como apagado...y eso no era buena señal.
-Si informas a su padre y no le ha pasado nada, le pasará al llegar a casa- contestó Woo Bin ya sin contener aquella mala leche que desde luego no debía haber mostrado a su jefe.
Jae Rim se levantó en ese momento y comenzó a moverse como lo haría una serpiente: lenta, sinuosamente, aparentando tranquilidad hasta que se lanzara a tu cuello. Pero no lo hizo... al menos no de momento, y cuando habló, el veneno estaba escondido detrás de su voz aterciopelada y suave.
-¿Crees que el Jefe no cuida lo suficientemente bien de ella?- preguntó.
Nadie podría decir si se preocupaba de verdad por Mizuki o no, pero su tono e incluso su mirada así lo aparentaban. ¿Pero quién podría fiarse de aquel a quien llamaban Yamata-no-Orochi? Y es que, como aquel monstruo de la mitología shintoista, el era como una serpiente con ocho cabezas u ocho rostros diferentes que mostraba según le fuera conveniente en cada momento.
Quizás Woo Bin hubiese pensado en ello en otra situación, pero ahora no estaban calmados ni su corazón ni su cabeza, y como tal había incumplido la primera norma en ese negocio si querías sobrevivir: piensa solo en ti mismo y en lo que pida tu Jefe.
-Creo que si cuidara lo suficientemente bien de ella no estaríamos en esta situación.
Un movimiento rápido y las manos de Jae Rim se sujetaron con fuerza a la chaqueta de su subordinado para empujarle contra la pared con ninguna delicadeza.
-Si estamos así es por tu incompetencia, y si el Jefe no quiere ocuparse de ella de otro modo es sólo asunto suyo, y tu no tienes nada que ver en ello. ¿Qué eres? Nada. Un mísero peón que puede ser sacrificado por su rey cuando le dé la gana. Y te lo estás ganando a pulso.
Puede que Jae Rim hubiese sido más rápido, pero Woo Bin era más fuerte por muy delgado que pareciera, y tampoco le era desconocida la lucha cuerpo a cuerpo. Se había criado en Busan en una familia pobre que trabajaba en unos muelles donde día sí y día también había disputas por el narcotráfico, la venta de armas....Allí lo había aprendido todo, y para cuando Kazuo se interesó en él por unas aptitudes extraordinarias, ya había practicado tres artes marciales distintas.
No le costó demasiado quitarse a Jae Rim de encima, sobre todo porque este no lo estaba dando todo de sí.
-¿Crees que no lo se? Yo elegí esta vida, ser un asesino, pero esa niña jamás le ha hecho nada a nadie, y el y el resto de su familia la tratan como un desperdicio, una moneda de cambio. Y si ellos la ven así...¿como no la verán los otros?.
Y sin decir más empujó a Jae Rim para comenzar a caminar hacia la salida, solo que su jefe fue más rápido en tomarle del brazo para obligarle a girarse y cruzar la cara del chico de un puñatazo que le hizo caer al suelo a los pies de Kyuhyun.
-¡EH! ¡Algunos estamos intentando usar la cabeza en vez de los músculos!- se quejó mientras Woo Bin se levantaba limpiándose la sangre de los labios con el dorso de la mano.
Y justo en ese momento comenzó a sonar el teléfono.Salvado por la campana podría decirse, porque quien llamaba era precisamente Mizuki.
Mizuki comenzaba a tener frío, pero Woo Bin le había dicho que esperara allí hasta que fuera a recogerla. Por suerte había traído ropa de abrigo, pero aún así el invierno en Corea era demasiado crudo como para estar parada en mitad de la calle. Sentía la nariz congelada y apenas se le veía el rostro oculto detrás de una bufanda y un gorro de lana.
Aún podía ver el coche de Yoochun y Hyun Joong aparcado al otro lado de la calle, donde estaban esperando. Llevaban allí un rato ya, pero al menos ellos estarían calentitos y más tranquilos de lo que estaba ella en ese momento.
Y de pronto el coche de Woo Bin frenó en seco delante de ella y el hombre bajo sin molestarse en parar el motor o apagar las luces. A simple vista se podía ver la sangre manchando su camisa blanca, pero más notable era la herida en el labio, que estaba ligeramente amoratado e hinchado ya. Corrió hacia ella sujetándola de los brazos, y justo cuando Mizuki pensaba que comenzaría a gritarla, le preguntó en un tono de voz que no había escuchado nunca:
-¿Estás bien?¿Te han herido? ¿Que ha pasado?
Las manos de él la sujetaban tan fuerte de los brazos que le hacía daño, aunque le no se diera cuenta. La emoción que transmitia esa fuerza era exactamente la misma que mostraban sus ojos... y era que estaba aterrado, ansioso,dolido, preocupado... pero no enfadado. Mizuki le observó durante unos instantes, curiosa, sorprendida. No podía creer que se preocupara así por ella, dejando salir todas aquellas emociones que normalmente parecía no tener.
-¡Mizuki!-le gritó el agitándola un poco.
Entonces los brazos de la joven se deslizaron entre los de el para rodear su cintura y dejar la cabeza descansar contra su torso, cerrando los ojos. Sentía su calor, pero más que eso... se sentía segura.
-Ha sido horrible... estaba tan asustada.... pero estoy bien- No mentía. En ese momento no podía mentirle.
Woo Bin no sabia que hacer. En el instante en que sintió aquellas pequeñas y delicadas manos deslizarse por su cuerpo notó como su corazón comenzaba a latir más deprisa, y algo dentro de él se quebró al escuchar aquellas palabras de su boca. Las manos se apretaron... deseaba golpearle a algo solo de pensar que, en efecto y como había temido durante aquellas interminables horas, ella lo había pasado mal. Pero luego se relajó y terminó rodeando el delicado cuerpo y estrechandolo delicadamente contra sí.
Aquello no estaba bien, pero después de todo no se trataba de algo que pudiera evitar. Los labios descendieron hasta dejar un beso trémulo en el cabello de ella, sintiendo un ligerísimo escozor en una herida que siquiera se había molestado en curarse. Si Jae Rim le veía en ese momento sí que le mataría.
-Será mejor que vayamos dentro del coche, o vas a coger una pulmonía - contestó al rato separándose lentamente.
Ella asintió delicadamente. Si, necesitaba estar en un lugar caliente y, a ser posible, algo de comer... aunque eso por supùesto no se lo pediría a él en aquel momento. Así que cuando el abrió la puerta ella terminó entrando sin quejarse acomodándose en el asiento, que era lo suficiente cómodo como para que se quedara adormilada al instante. En realidad tantas emociones aquel día la habían dejado bastante cansada.
Se hubiera dormido de no ser por ver de nuevo aquella marca en el labio inferior de el.
-¿Que te ha pasado?.
Woo Bin no dijo nada mientras ponía el coche en marcha, pero en ese momento sí que parecía enfadado.
-No es nada importante... solo ha pasado lo que tenia que pasar.
Intentaba hablarle con la misma tranquilidad de antes, pero ahora tenía la mirada puesta en la carretera, delante de él y parecía preocupado y enfadado a la par. Mizuki se incorporó en el asiento mirándole.
-¿Ha sido mi padre?¿te ha hecho eso?.
La chica sabía perfectamente de lo que Kazuo era capaz. A ella nunca le había levantado la mano, pero si a sus dos hermanos, sobre todo el mayor. Tenía un carácter muy fuerte que jamás había aprendido a controlar a no ser se tratara de reuniones de negocios, y en esas tampoco lo conseguía siempre.
-No. Tu padre no sabe que has desaparecido... ha sido Jae Rim, pero ha sido culpamíaa.
Aquello tampoco extraño a Mizuki. No conocía mucho a aquel hombre, y en realidad nunca la había tratado mal, pero era tan frío que le daba miedo... y tampoco podía estar tan cerca de su padre sin ninguna razón.
-Yo le explicare lo que ha pasado y que no ha sido tu culpa.
-Explicamelo a mi.
Había llegado el momento al que no sabía como reaccionar, pero tampoco quería mentirle.... y sin embargo tenía que hacerlo.
-Como no estoy acostumbrada a tanta gente... comencé a sentirme agobiada y mareada en el centro comercial, así que te esperé fuera... No se que pasó que en determinado momento me desmaye... creía que era por el mareo, pero al despertarme tenía los ojos vendados y las manos atadas -tomó aire durante unos instantes sin saber si estaba resultando convincente o no- Ellos hablaban pero no vi nada...me preguntaron cosas, y después de una llamada de teléfono de ellos y esperar mucho decidieron soltarme, no se por qué.
Hyun Joong le había dicho que era mejor dar pocos datos, porque cuanta más información, más cosas tendrían que confirmar... y todo se descubriría másfácilmentee. Y al parecer aquel consejo fue bastante útil, porque Woo Bin, en silencio y sin decirle nada, juró que mataría a aquellos hombres fueran quienes fueran.

No hay comentarios :
Publicar un comentario